Abril del 2010
a ras de suelo, edición abril 2010
Contemplándolo desde aquí, desde el lado de aquellos que nos exponemos en nuestra perseverancia por tener algo que decir, a veces desde la más pura fragilidad a veces desde la más aplastante contundencia, la palabra festival desde este lado, no siempre resulta una palabra cómoda para nosotros, una palabra que nos remita a la celebración.
Me pregunto quién celebra festival
En ocasiones esta palabra sirve para dar cabida a muchos y diversos objetivos entre los cuales no siempre esta el de celebrar. Pensando ahora en el eterno debate entre el público, sus expectativas y la creación contemporánea, quizá la celebración sea la clave de la unión. La clave del buen entendimiento.
Parece que en ocasiones quedamos fácilmente atrapados por mecanismos que empiezan con las mejores de las intenciones y acaban por ser eso, meros mecanismos reducidos a artefactos que anulan nuestra capacidad de decidir y que una vez puestos en marcha se desconectan de su vital origen, de su urgencia y con esto de su necesidad de celebrar.
Pensando en nuestra condición de isla, paradógicamente se me ocurre que grandes festivales nacionales acaban por convertirse en territorios aislados a los que llegamos como naufragos en busca de tierra firme que nos de la cobertura para exponernos y poder seguir siendo.
El gran reto de este festival, es el de generar sobre todo posibilidades de redes, de conexiones, propiciando terrenos abonables por los que transitar no sólo hoy, sino con toda seguridad en el futuro.
A ras de suelo propone este modelo festivo tanto para el público (en su no siempre fácil papel de espectador activo) sino para el artista que busca celebrar su compromiso y compartir su modo de hacer, aún desde la ardua andadura que en ocasiones supone formar parte de la creación menos convencional.
por eso creo que quizá, para nosotros también deba ser fundamental la fiesta de seguir siendo, pese a que muchos seamos una especie de supervivientes que navegamos entre modismos, tendencias, cruzamos mares simbólicos y reales, para continuar creciendo en el terreno fértil pero no siempre bien regado de la danza, y, como diría el colectivo Las Santas y sus contaminantes.
A ras de suelo es una isla bien conectada a través de puentes y autopistas. Un espacio de relación y encuentro. Una fiesta que ignora su condición geográfica isleña para pasar a ser un contenedor de diversidades. Parece que a ras de suelo produce la sensación de una ampliación virtual del territorio en el que se desarrolla, nos abre puertas, nos refresca, y sobre todo celebra el atreverse a poder ser.
2 comentarios:
Hola
anoche asistí al segundo pase de tu mircroficción y lamenté no haber estado en el primero porque uno me supo a poco...
Gracias por tu entrega y tu propuesta de camuflaje abierto, desnudo y sin opacidades. Me gustaron los colores elegidos, tus planos, los cambios de zapatos y los juegos mezclados desde el esputo más profundo hasta el vestido más superficial o factual como quiera que sea, a mí acostumbrado a libros y no a personas ni escenarios me gustó y valoro el trabajo mesurado y poderoso de la expresión corporal que llevaste a ras de suelo.
enhorabuena y ánimo!
rdq
gracias ruben. me parece maravillosa tu aprobación. público como tu hace la pieza.
Publicar un comentario en la entrada